El uso excesivo de alarmas intermitentes puede afectar el funcionamiento cerebral
El doctor José Willis advierte que la práctica común de posponer la alarma repetidamente podría tener consecuencias negativas en la salud neurológica y el descanso.

La costumbre de programar múltiples alarmas para despertar, una práctica extendida en México para combatir la dificultad de levantarse, ha sido señalada por especialistas como un hábito potencialmente perjudicial. El doctor José Willis advirtió recientemente que esta fragmentación del sueño, conocida como inercia del sueño, puede alterar el funcionamiento cerebral al interrumpir ciclos de descanso que son necesarios para la recuperación cognitiva.
Cuando una persona apaga la alarma y vuelve a dormir por intervalos de cinco o diez minutos, el cerebro intenta reiniciar un nuevo ciclo de sueño que es interrumpido abruptamente poco después. Este proceso genera una sensación persistente de aturdimiento y fatiga al iniciar la jornada, lo cual, según la perspectiva del especialista, impacta negativamente en la productividad y en la capacidad de atención durante las primeras horas del día.
Aunque el uso de dispositivos móviles como despertadores es una herramienta cotidiana, el doctor Willis sugiere que la calidad del descanso es fundamental para evitar complicaciones a largo plazo. La interrupción constante del sueño profundo mediante la técnica de posponer la alarma podría, en última instancia, dificultar la regulación de los ritmos circadianos, que son esenciales para el bienestar físico y mental.
Para mejorar la higiene del sueño, los expertos recomiendan establecer una rutina constante que permita despertar de manera natural o con una sola alarma. Mantener horarios fijos, incluso durante los fines de semana, y evitar la exposición a pantallas antes de dormir son acciones que contribuyen a obtener un sueño reparador, reduciendo así la necesidad de depender de múltiples avisos sonoros cada mañana.


