La generación beta retoma la infancia analógica en México
Los niños nacidos a partir de 2025 comienzan a experimentar una crianza alejada de las pantallas, marcando un retorno a las dinámicas sociales tradicionales.

La denominada Generación Beta, compuesta por los menores nacidos a partir de 2025, está protagonizando una transición demográfica caracterizada por una drástica reducción en el consumo de dispositivos digitales. A diferencia de las generaciones anteriores, que integraron tabletas y teléfonos inteligentes en sus etapas tempranas de desarrollo, estos niños están creciendo en entornos familiares que priorizan la interacción física y el juego recreativo al aire libre, emulando dinámicas sociales predominantes en México durante la década de los cincuenta.
Especialistas en pedagogía de la Secretaría de Educación Pública y diversas instituciones académicas han observado que esta tendencia surge de una creciente preocupación por los efectos del tiempo prolongado frente a monitores. Padres y tutores en distintas entidades del país han optado por limitar el acceso a la tecnología, argumentando la necesidad de fomentar habilidades cognitivas y motoras mediante actividades manuales, lectura impresa y convivencia presencial en parques o espacios comunitarios.
Este cambio en los hábitos de crianza se manifiesta principalmente en zonas urbanas donde existe una oferta de actividades extraescolares enfocadas en el desarrollo social y físico. La restricción del uso de dispositivos electrónicos no es un fenómeno aislado, sino una respuesta adaptativa a los desafíos que la hiperconectividad planteó a las generaciones previas, buscando mitigar riesgos asociados a la sobreestimulación temprana y al sedentarismo infantil.
Aunque el acceso a la tecnología sigue siendo parte del entorno moderno, el enfoque actual prioriza que la interacción digital sea controlada, supervisada y supeditada a objetivos educativos específicos. Esta nueva etapa en la crianza mexicana sugiere una revalorización de los espacios públicos y de la convivencia vecinal como ejes fundamentales para el crecimiento de los niños, quienes parecen estar recuperando el ritmo de una infancia marcada por la exploración del entorno físico inmediato.
De mantenerse esta tendencia, los entornos escolares y familiares podrían experimentar una transformación en la forma en que los infantes procesan la información y se relacionan con su comunidad. La apuesta por un modelo de infancia analógica representa, para muchos padres, un intento por recuperar una estructura social donde el contacto humano directo es el principal motor del aprendizaje y la socialización.


